El Internet de las cosas (IoT) y su relación con Arduino


Estamos en la era del Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés, Internet of Things) y prueba de ello es la cantidad de objetos y dispositivos conectados a la red de redes.

Hace relativamente poco tiempo que nos conectamos a Internet a través del ordenador, una acción que posteriormente realizamos mediante el móvil, la televisión, vehículos o electrodomésticos, y cada día surgen más dispositivos conectados a Internet.

Tanto es así que la consultora estadounidense Gartner prevé que el número total de dispositivos conectados crecerá a 20.400 millones en 2020, una cifra en la que ni se ponen de acuerdo las compañías de análisis y que aumenta a 50.000 millones en 2020 según Cisco o a 212.000 millones según IDC.

The Internet of Things

Lo cierto es que el consumo de IoT aumenta de forma desmesurada, al igual que los datos que genera, puesto que los dispositivos recopilan cifras que a su vez se convierten en información de gran interés, por ejemplo, para las compañías.

Pero empecemos por el principio, el Internet de las Cosas es una tecnología que ha evolucionado velozmente y que permite conectar no solo vehículos o electrodomésticos, sino también maletas, muebles, calzado, biosensores, aparatos de medición o cualquier cosa –u objeto- que nos podamos imaginar.

Hoy en día, virtualmente todo puede tener su propia dirección IP en la red.

Según un estudio de Telefónica, las personas todavía no tienen una percepción clara de lo que es IoT, asociado a conectividad en un 23%, comodidad y confort en un 18% y seguridad en un 12%.

Sin embargo, es algo que está presente en nuestras vidas cotidianas, por ejemplo a través de una aplicación móvil para reducir el tiempo de búsqueda de aparcamiento o por medio de los sensores o cámaras en puertas y ventanas que permite la domótica.

frigorifico inteligente

La industria del automóvil ha incorporado el IoT de una forma activa casi sin darnos cuenta. Por ejemplo, los coches conectados nos ofrecen información sobre el estado del vehículo o su localización.

Los datos del estudio de Telefónica indican que las industrias concentran el 41% del mercado mundial de IoT, tanto en transporte como en energía y suministros púbicos. Esta penetración del Internet de las Cosas influye en las compañías, pero también en la tranformación digital de los individuos.

El motivo es que las aplicaciones no solo tienen como objetivo una producción más competitiva y eficiente, sino también que los trabajadores cumplan con un perfil de mayor valor añadido.

Otra aplicación real del IoT viene de la mano de los drones conectados, que permiten, por ejemplo, monitorizar grandes extensiones de cultivo sin desplazamientos innecesarios de trabajadores. O las soluciones de localización en grandes áreas, como los centros comerciales, que facilitan la identificación de áreas de mayor afluencia de clientes para posteriormente reordenar los productos en función de su demanda.

como-conectar-coche-internet

Las posibilidades, como vemos, son infinitas y todavía estamos en el comienzo del Internet de las Cosas. La gestión de residuos ya es una realidad en algunas ciudades, donde se aplica control remoto para ver su estado, localizar un incendio o reajustar rutas de los encargados de recoger la basura.

Otra aplicación que seguro que todos conocemos es el reloj inteligente o smartwatch, una pequeña herramienta que nos permite conectar con dispositivos móviles y a la vez ampliar su uso para, por ejemplo, monitorizar una maleta.

Arduino

Otro ámbito quizá más desconocido del IoT es la utilización de herramientas tecnológicas como Arduino y Rapsberry Pi en el sector industrial, dos pataformas de desarrollo creadas en principio como instrumentos de aprendizaje en comunidades educativas.

Arduino, por ejemplo, es hardware libre y existen múltiples aplicaciones basadas en esta herramienta porque cualquiera puede crear dispositivos electrónicos con un mínimo de aprendizaje en programación y electrónica. Se utiliza en entornos como universidades y algunas de sus aplicaciones se materializan en robótica, domótica, investigación, música o IoT.

Con la placa Arduino podemos conectar prácticamente cualquier objeto a Internet de una manera sencilla y económica. Por ejemplo, podemos conectar todo tipo de sensores a la red y de esta manera controlar una bombilla, gestionar cámaras de videovigilancia o enviar un email cada vez que alguien, incluido nosotros, entra en nuestra casa.

internet de las cosas

Basta un módulo Wi-fi o ethernet en Arduino para poder conectar a Internet casi cualquier tipo de sensor que nos permitirá detectar y evaluar determinados indicadores que se modifican a tiempo real. Existen decenas de tutoriales en la red y una amplia comunidad para ayudar a desarrollar cualquier tipo de proyecto.

Raspberry Pi

Raspberry nació con un propósito: incentivar la enseñanza de informática en el entorno docente. Es un ordenador muy pequeño, del tamaño de una tarjeta, muy económico y también muy conocido para crear prototipos. Con esta plataforma de desarrollo se gestiona una gran cantidad de datos y es especialmente atractiva para la creación de aplicaciones móviles (Apps) donde el peso de la interfaz gráfica es muy importante. Está muy indicada, además, para proyectos multimedia basados en Linux.

En 2009 se creó la Fundación Raspberry Pi en Reino Unido y dos años más tarde comenzaron a fabricarse las primeras placas prototipo. El éxito fue tan grande que los fundadores trasladaron su producción a Gales, de donde salen miles de dispositivos al día. Existen varios modelos de placas y su popularidad ha generado que salgan al mercado diversidad de accesorios que suman funcionalidades a la placa base, al igual que Arduino.

Raspberry Pi iot

La placa Raspberry se utiliza, como Arduino, en entornos de robótica o domótica, pero también como servidor de archivos. Es otra opción dentro del IoT y es muy interesante cuando el objetivo es procesar y tratar muchos datos. Cualquiera de ellos, Arduino o Raspberry, ofrece fórmulas eficaces para multitud de proyectos, pero todavía es difícil establecer su límite al estar en constante evolución.

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